¿Por qué consumes eso? Taller sobre consumo consciente

 

La mayor parte de lo que consumimos, ya sean alimentos, ropa o tecnología por ejemplo, tiene más que ver con nuestras emociones que con la necesidad. Las campañas de publicidad se diseñan para despertar el interés de nuestra amígdala (es la parte de nuestro cerebro que se encarga de procesar y almacenar nuestras reacciones emocionales). Un anuncio exitoso no intentará mostrarte las cualidades de un producto, sino que intentará que te sientas vinculado de alguna manera al mismo.  Un gran ejemplo es este anuncio del Corte Inglés:

 

 

 

El anuncio es claro: ¿qué más da si no lo necesitas? ¿O si no entra dentro de tu presupuesto? Has estado todo el día trabajando, estas de viaje de negocio (si os fijáis la mayoría están en habitaciones de hoteles) y tienes muchas responsabilidades, por eso te MERECES esa prenda que te queda divina. Te MERECES un capricho, te lo has ganado. A nivel publicitario creo que el anuncio es redondo, porque los caprichos no atienden a razones, presupuestos o dietas.

 

– ¿Y qué pasa si no lo necesito? ¿qué tiene de malo  consumir? Esta son las preguntas que frecuentemente me hacen en mis talleres de consumo consciente.

Consumir no es malo, necesitamos consumir para vivir. El problema aparece cuando nos manipulan para ello, cuando juegan con nuestras emociones para que compre un producto u otro. ¿Te has sentido triste alguna vez por no poder permitirte comprar algo? Si la respuesta es sí, entonces ya te he respondido a la pregunta inicial.

Para otro artículo dejaremos las repercusiones sociales y ambientales que hay detrás de algunas compras.

 

Es muy difícil que aprendamos a sustraernos del efecto de la amígdala, nuestros sentimientos nos permiten relacionarnos y entender el mundo. Pero podemos aprender a contrarrestar sus efectos y tomar decisiones basadas en la razón. Si tenemos la información correcta podemos aprender a analizar el mercado, conociendo las mejores opciones. En otras palabras, debemos aprender cuando estamos siendo manipulados.

 

  El tamaño SÍ importa

Si un producto le parece apetecible a nuestra amígdala le gustará el tamaño super. Esto se ve muy claro en el caso de la comida:

¿qué plato elegiría?

Todo dependerá de lo que te guste el alimento que contenga. Si debemos elegir entre dos platos de distintos tamaños con la misma cantidad de alimento, tenemos la sensación de que el plato más pequeño tiene más comida.

Ahora piensa en los envases del supermercado, ¿alguna vez preferiste una marca sobre otra porque parecía más grande, aunque ambas marcaban el mismo peso?

 

  Ahora o NUNCA

Hace dos meses pasaba por una tienda de decoración que anunciaba grandes descuentos por cierre inmediato. Aunque en ese momento no tenía previsto comprar nada de decoración, podía escuchar a mi cerebro gritarme: Entra, entra, a saber que maravillas tiradas de precio puedes encontrar. Entra sólo a echar un vistacito tonta. Al final entré, pero como no me convencieron ni los productos ni los supuestos descuentos salí sin comprar.

Hace un par de días pasé por el mismo sitio, la tienda seguía en liquidación (¿cuánto tiempo dura una liquidación?). Anunciaba mejores descuentos aún. ¿A qué no imagináis que hice? Exacto, entré otra vez. Nada había cambiado pero sentía que era “ahora o nunca”, nunca más tendría la oportunidad de entrar, bueno, igual dentro de dos meses.

En mis talleres, yo siempre aconsejo tomarse tiempo para decidir, eso es lo que permite que se relaje nuestra amígdala y que empiece a funcionar la parte racional del cerebro. Si algo nos gusta pero no lo necesitamos, aconsejo marcharnos a casa y darnos 24 horas para meditarlo. En la mayoría de los casos, ese producto ya no nos parecerá tan interesante ahora que estamos lejos de los estímulos externos.

 

  El VALOR del dinero

Siempre he pensado que le damos más valor al dinero que a lo que compramos con ello. Para demostrar esta teoría me gustaría compartir un experimento que he conocido a través de este artículo

“En los años 80 Hal Arkes y Catherine Blumer, de la Universidad Estatal de Ohio, demostraron la facilidad con que nos dejamos engañar por ella. Hicieron creer a un grupo de estudiantes que les vendían reservas para un viaje de fin de semana a un lugar de esquí por 100 dólares. Luego les ofrecieron un viaje más barato —de 50 dólares— a un centro turístico de mejor calidad. No fue sino hasta después de que los estudiantes hubieron pagado las reservas cuando se les dijo que ambos viajes tendrían lugar el mismo fin de semana, y que debían decidirse por uno. Por extraño que parezca, la mayoría eligió el viaje menos atractivo y más caro debido a la mayor suma ya invertida en él.”

 

  Comparaciones ODIOSAS

Alguna vez has ido a comprar unos zapatos con un presupuesto fijado de 30 euros. Pero los modelos que te gustan valen 150, 120, 110 euros.  Empiezas a sentir ansiedad y frustración porque no puedes satisfacer tu deseo. De repente ves unos zapatos por 50 euros. Aunque está por encima de lo que inicialmente pensabas gastar, llegas a la conclusión que por comparación con los anteriores es barato y piensas que finalmente has adquirido una gran compra. Pero, ¿realmente lo ha sido?

Comparar productos similares de diferentes precios es una de las grandes bazas del marketing. La palabra oferta nos atrae enormemente, sobre todo si todavía está marcado el precio anterior en la etiqueta. ¿Sabías que en muchas ocasiones el precio inicial aumenta en época de rebajas para que aprecies un mayor descuento?

 

  INCONDICIONALES de una marca

Hay personas que se consideran incondicionales de una marca. ¿Te reconoces a ti mismo diciendo algo así? – A mí sólo me gusta el tomate de la marca tal. La mayor parte de las veces elegimos un producto u otro por su envase y por las emociones que nos evocan, pero lo cierto es que muchos de estos productos se hacen con la misma receta e ingredientes.

¿Sabías qué investigaciones de mercado han comprobado que el color afecta a los hábitos de consumo de las personas? Por ejemplo, los colores rojo y amarillo son los más atractivos en lo que a comida se refiere, pues se ha demostrado que activan la señal de hambre en el cerebro.

 


Fuente:

– Programa Brain Games de National Geographic Channel.

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