Educar para ser feliz

La educación ambiental como herramienta para criar niños felices.

Foto original de Juanan Ruiz
Foto original de Juanan Ruiz

Profesores y padres nos esforzamos cada día por educar a los niños para que aprendan a valerse solos en la vida, les enseñamos como deben hablar, comer, leer… les inculcamos valores y modales, pero ¿y la felicidad?, ¿les enseñamos a ser felices? Indiscutiblemente queremos que sean felices, pero ¿les educamos para ello?


Enseñar a ser feliz no es una tarea fácil, pero una educación basada en valores ambientales ayuda a conseguirlo. Gracias a la educación ambiental les enseñamos (y los adultos aprendemos) a:

Priorizar y replantear las necesidades de nuestra vida. Los medios de comunicación nos inculcan la necesidad de poseer objetos, creemos que seremos más felices si tenemos un gran coche, una casa con piscina o el último modelo de teléfono. Los niños no son ajenos a estos mensajes y actualmente muchos de ellos están más pendientes del número de regalos que reciben que de lo que realmente contienen.

Una educación basada en valores ambientales no sólo te enseña a valorar las cosas que no tienen precio, como jugar en el mar, observar el paisaje, oler la tierra después de llover, etc. Sino que también te muestra los materiales y el esfuerzo que hay detrás de la construcción de cada objeto, por lo que se valora mucho más cada regalo. En una educación consumista se fomenta la satisfacción inmediata y se pierde la capacidad de asombro ante las cosas sencillas que brinda la vida. Siempre querremos consumir más y más, y ese deseo ilimitado y no satisfecho de poseerlo todo sólo nos traerá insatisfacción e infelicidad.

Una de las claves de la felicidad es aprender a valorar lo que somos y no lo que tenemos. Y esto se fomenta cuando somos capaces de disfrutar de las actividades de la vida diaria si necesidad de recurrir al consumismo, haciendo un uso creativo de nuestro tiempo de ocio. En este sentido, la educación ambiental nos acercarnos a la naturaleza de una manera lúdica: itinerarios por espacios naturales, huertos urbanos, identificación de aves, vista de cetáceos… Enseñándonos el verdadero valor de este planeta.

Foto original de Joselyn Anfossi
Foto original de Joselyn Anfossi

Dar las gracias. La educación ambiental nos enseña que la Madre Tierra nos ofrece sus recursos para alimentarnos, su agua para beber, su viento para refrescarnos o sus ríos para bañarnos. Nos enseña a valorar los recursos que tenemos y que por tanto debemos conservarlos y estar agradecidos por ello.

Los niños que desarrollan su actitud de gratitud son más felices porque interpretan las acciones habituales de su vida como regalos y por tanto tienen más capacidad para ilusionarse y divertirse. Además, suelen convertirse en niños más generosos, ya que aprender a dar y recibir.

Ser positivos. Múltiples nvestigaciones han demostrados que los niños educados en una interpretación positiva de la vida están más capacitados para asimilar momentos de tensión, se adaptan mejor a los cambios y desarrollan más su autoestima.

La educación ambiental se expresa con verbos positivos: conseguir, mejorar, colaborar… Se enfoca en la acción para el cambio, y en esta empresa todas las personas son necesarias. La educación ambiental hace partícipe a todos los ciudadanos, tengan la edad que tengan. Por lo que se convierte en una herramienta de integración social, lo que hace que el niño se sienta parte activa de su entorno social y desarrolle su autoestima y compromiso. Y finalmente este compromiso se traduce en ilusión y felicidad.

Esforzarse y obtener recompensas. No hay nada más satisfactorio que ver tu esfuerzo recompensado. La educación ambiental nos habla de acción, si queremos mejorar el mundo debemos actuar: reciclar, cuidar del huerto, no gastar agua, cuidar a los animales… Todas éstas son acciones que nuestros pequeños pueden realizar y de las que podrán ver su esfuerzo recompensado. En un huerto verán crecer las hortalizas, al cuidar a los animales los verán más sanos y felices y ¿cómo ven recompensado el esfuerzo por ahorrar agua? Un truco: cuando vayan a ver un lago o el mar cuéntale que estaba a punto de secarse y que gracias al agua que ha ahorrado, esta año podrán bañarse y divertirse.

Este artículo es una versión actualizada del post “Educar para ser féliz” que publiqué en la radio infantil Babyradio

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